Una delegación de la fundación Ara Garrigues visita Genalguacil para conocer uno de los modelos más innovadores de desarrollo rural del estado

Una experiencia inspiradora para seguir impulsando un futuro sostenible para Les Garrigues. Hay pueblos que demuestran que el futuro del mundo rural no está escrito. Que con imaginación, compromiso y apuesta decidida por el talento es posible transformar las dificultades en oportunidades. Éste es el caso de Genalguacil, un pequeño municipio de la cordillera de Ronda, en la provincia de Málaga, que se ha convertido en un referente internacional gracias a su singular proyecto «Genalguacil Pueblo Museo«.

Con el objetivo de conocer de primera mano esta experiencia de éxito, una delegación de la Fundación Ara Garrigues, integrada por su presidente, Eduard Cau, Mónica Jiménez, miembro del patronato de la fundación, y su director Ferran Moya, se desplazó la pasada semana hasta este municipio malagueño para compartir experiencias, establecer nuevas líneas de colaboración y descubrir una modelo que supuso.

Una visita que se enmarca dentro de la voluntad de la Fundación de aprender de las iniciativas más innovadoras del país para continuar impulsando proyectos que contribuyan al desarrollo económico, social y sostenible de Les Garrigues, una de las principales misiones de la entidad.

Genalguacil: cuando el arte transforma un pueblo

Hablar de Genalguacil es hablar de una historia de innovación, perseverancia y visión de futuro.

En 1994 este pequeño municipio puso en marcha una iniciativa que, con el paso del tiempo, acabaría convirtiéndose en un ejemplo internacional de desarrollo rural: el proyecto Genalguacil  Pueblo Museo.

Cada dos años, artistas procedentes de distintos países conviven durante varias semanas con los vecinos y vecinas del municipio en el marco de los Encuentros de Arte, un evento bienal que trasciende la simple exposición artística. Durante esta convivencia crean obras inspiradas en el territorio y en su gente, que posteriormente pasan a integrarse de forma permanente en las calles, plazas y espacios públicos del pueblo.

Hoy, más de 250 obras conforman un museo vivo, al aire libre, que convierte cualquier paseo por Genalguacil en una experiencia artística única.

Pero el valor de ese proyecto va mucho más allá de la cultura.

El arte se ha convertido en una herramienta de desarrollo económico, de atracción turística, de proyección internacional y, sobre todo, de lucha contra el despoblamiento.

Una realidad especialmente inspiradora si tenemos en cuenta que, después de años de pérdida demográfica, el municipio ha logrado recuperar habitantes desde 2019, demostrando que la innovación también puede nacer desde los pueblos más pequeños.

Compartiendo experiencias con un referente del desarrollo rural

Durante la visita, la representación de la fundación Ara Garrigues mantuvo diversas reuniones de trabajo con el alcalde de Genalguacil, Miguel Ángel Herrera, principal referente de este modelo de transformación territorial.

El encuentro sirvió para profundizar en las claves del éxito de este proyecto, compartir experiencias y analizar posibles vías de colaboración entre ambas instituciones.

Sin embargo, no era la primera vez que los caminos de la Fundación y Genalguacil se cruzaban.

La relación institucional se inició hace dos años y se reforzó especialmente durante el encuentro inspirador organizado por la fundación Ara Garrigues celebrado en Puiggròs en junio de 2025, un espacio de reflexión destinado precisamente a dar a conocer iniciativas capaces de transformar positivamente el territorio.

Aprender para transformar Les Garrigues

La visita también permitió a la delegación de la Fundación participar en una jornada de los Encuentros de Arte, viviendo en primera persona el ambiente creativo que caracteriza a este evento.

Más allá de contemplar las obras, la experiencia permitió comprender la filosofía que hay detrás del proyecto: implicación ciudadana, identidad, orgullo de pertenencia, creatividad y una larga mirada sobre el futuro.

Unos valores que conectan plenamente con la forma de entender el desarrollo territorial que impulsa la fundación Ara Garrigues.

Desde su creación, la Fundación trabaja para generar nuevas oportunidades económicas, impulsar la innovación, fomentar el emprendimiento, reforzar la cohesión social y contribuir a fijar población en el territorio, siempre desde el respeto por el paisaje y el patrimonio de Les Garrigues.

Las «Cababes de volta»: patrimonio, identidad y futuro

Precisamente, uno de los proyectos más emblemáticos que impulsa actualmente la Fundación es la recuperación y valorización de las «Cabanes de volta»

Este patrimonio único de Les Garrigues representa mucho más que una arquitectura tradicional.

Es una oportunidad para crear una oferta turística singular, sostenible y profundamente vinculada al territorio.

La propuesta plantea convertir estas construcciones en alojamientos turísticos diferenciadores, capaces de atraer a un visitante interesado en el paisaje, la cultura y la autenticidad, a la vez que contribuyen a evitar el deterioro progresivo de este patrimonio.

La visita a Genalguacil refuerza la convicción de que la cultura, el patrimonio y la creatividad pueden convertirse en motores de desarrollo si existe una estrategia compartida y una mirada a largo plazo.

Inspirarse para construir el futuro

Cada territorio es distinto. No existen recetas universales. Pero sí experiencias capaces de inspirar nuevas formas de pensar y actuar. Genalguacilo es un magnífico ejemplo.

Ha demostrado que un pequeño municipio puede convertirse en un referente internacional cuando es capaz de convertir sus valores diferenciales en oportunidades de futuro.

Para la fundación Ara Garrigues, esta visita representa mucho más que un intercambio institucional.

Es una nueva oportunidad para seguir llenando la mochila de ideas, experiencias y alianzas que ayuden a construir unas Garrigas más competitivas, innovadoras, sostenibles y capaces de afrontar los grandes retos demográficos y económicos del siglo XXI.

Porque el futuro del mundo rural no se construye desde la resignación, sino desde el conocimiento compartido, la innovación y la voluntad de sumar esfuerzos entre territorios que comparten un mismo objetivo: demostrar que vivir y prosperar en los pueblos sigue siendo posible.